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La Reserva Federal de los Estados Unidos, comúnmente conocida como la Fed, se encuentra actualmente en la antesala de su crucial reunión monetaria de septiembre. En esta ocasión, prevalece la expectativa de que mantendrá los tipos de interés sin cambios, aunque no se descarta la posibilidad de un reinicio de las alzas a partir de diciembre, de acuerdo con las perspicaces proyecciones ofrecidas por analistas financieros.

 

Gráfico del Dow Jones diario

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En el escenario actual, los mercados financieros ya han internalizado un compás de espera en cuanto a los incrementos en las tasas de interés, las cuales actualmente oscilan en el rango del 5,25% al 5,5%. La atención de inversores y observadores se encuentra focalizada en las próximas proyecciones económicas que emanarán de esta venerable institución, bajo la presidencia de Jerome Powell. La posible interrupción de las alzas sería considerada congruente con el cambio de tono hacia un enfoque más pausado y meditado por parte de la Fed, en sintonía con las decisiones recientes de su contraparte europea.

 

Cabe mencionar que el Banco Central Europeo, en una decisión reciente, elevó las tasas de interés en un cuarto de punto porcentual, aunque sugirió que esta acción podría marcar el final de su ciclo alcista. Esta circunstancia añade un elemento adicional a la consideración de la Reserva Federal.

 

Jerome Powell, en su gestión al frente de la Fed, ha incrementado las tasas en diez reuniones consecutivas, siempre en incrementos de un cuarto a tres cuartos de punto porcentual, en un esfuerzo por contener la creciente inflación en los Estados Unidos. Sin embargo, en junio de este año, la Fed optó por un receso, con el propósito de no añadir dificultades a la ya delicada situación de los bancos medianos, en un contexto marcado por la caída del Silicon Valley Bank y el Signature Bank.

 

Las proyecciones trimestrales de la economía que acompañaron a esta decisión indicaron que la mayoría de los 18 responsables políticos aún anticipaban dos incrementos adicionales en los tipos de interés, cada uno de un cuarto de punto, para fines de año. Uno de estos aumentos ya se materializó en la reunión de julio.

 

No obstante, en la actualidad, los analistas anticipan que las últimas señales económicas podrían persuadir a los responsables políticos de la Fed a descartar la posibilidad de un segundo aumento en septiembre, posponiéndolo hasta diciembre. Michael Feroli, economista de JP Morgan, argumenta que esta decisión se fundamentaría en la idea de que "los miembros del Comité podrían optar por no perturbar lo que hasta ahora ha funcionado". A pesar de que la economía estadounidense ha mantenido una resistencia inesperada durante los últimos meses, "los datos económicos más recientes sugieren una continua desinflación, especialmente en el sector de servicios, y una disminución de las tensiones en el mercado laboral", un indicador clave para la Fed, según señala Franck Dixmier, director de inversiones global de Renta Fija de Allianz Global Investors.

 

El último dato de inflación en los Estados Unidos, correspondiente a agosto, registró un 3,7%, superando las expectativas en una décima. Este hecho rompe con la tendencia a la desaceleración de los precios observada en los últimos meses. En términos anuales, es el segundo mes consecutivo en el que los precios repuntan después de más de un año de caídas. Uno de los indicadores en los que el banco central ha basado sus decisiones es el índice PMI del sector de servicios, el cual inició su descenso en mayo de este año y parece dispuesto a mantener su trayectoria descendente.

 

Además de las preocupaciones en torno al consumo y la actividad económica, los mercados permanecen en alerta debido a la deuda pública estadounidense, que ha superado el 123% del Producto Interno Bruto (PIB), así como al déficit fiscal, que actualmente se ubica en el 5% del PIB. Michael Gapen, economista del Bank of America, y otros expertos, argumentan que "los datos recientes deberían alentar a la Fed debido a la desinflación en curso, pero preocupan la posible reaceleración de la inflación debido a la robustez de la actividad económica". Según ellos, "los riesgos apuntan hacia la persistencia de tasas de interés más elevadas de lo previsto hasta 2024".

 

En este contexto macroeconómico, Juhi Dhawan, estratega macroeconómica en Wellington Management, advierte que si la Reserva Federal prolonga el mantenimiento de tasas elevadas durante un extenso período para combatir la inflación subyacente, podría generar presiones fiscales y desestabilizar el mercado de deuda soberana estadounidense. Al mismo tiempo, tasas de interés reales más elevadas podrían ejercer presión sobre las valoraciones de las acciones y anticipar un menor crecimiento de las ganancias en el futuro. Esto ha llevado a los mercados a pronosticar una posible reducción de los tipos de interés en julio de 2024. Según analistas del Bank of America, durante el próximo año podría producirse solo un recorte de tres cuartos de punto, al mismo tiempo que se elevaría modestamente la estimación a largo plazo de la tasa de interés neutral. Esto implicaría una política monetaria ligeramente restrictiva a lo largo del tiempo, con el objetivo de mantener un nivel de contención en empresas y hogares.

 

En cuanto a la situación europea, el Banco Central Europeo ha dado señales de que su reciente aumento en las tasas de interés podría ser la última medida de su ciclo alcista. Según palabras de Christine Lagarde, presidenta del BCE, "No estamos diciendo que estemos ahora en el pico (de la subida de tipos)". Sin embargo, Lagarde ha admitido que el mercado se encuentra ahora más enfocado en especular acerca de cuánto tiempo se mantendrán los tipos en su nivel actual. Además, ha aclarado que el consejo de gobierno del BCE no ha comenzado a discutir la duración de esta política ni la posibilidad de reducir las tasas en un futuro cercano, aunque algunos analistas vislumbran esta posibilidad en la segunda mitad de 2024.

 

Es importante destacar que la decisión reciente de elevar los tipos de interés en el BCE no fue unánime, ya que algunos gobernadores abogaban por una pausa y postergar las decisiones futuras hasta contar con más certezas. No obstante, prevaleció una sólida mayoría que respaldó la decisión adoptada.

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